Hace apenas un año, Mateo Begovic atravesaba el momento más difícil de su vida. Tenía 21 años, estaba inmerso en el consumo problemático de alcohol y drogas, había sido diagnosticado con depresión mayor y llegó a estar privado de su libertad. Hoy, con 22, lleva un año sin consumir y encontró en el trabajo, su familia y la pastelería una forma de reconstruir su vida.
El cambio comenzó cuando, acompañado por su familia, tomó la decisión de internarse para iniciar un tratamiento de rehabilitación. Permaneció durante ocho meses en un centro especializado y, al completar esa primera etapa, continuó con un régimen ambulatorio que le permitió volver a dormir en su casa mientras asistía al centro cuatro veces por semana.
Con el avance del tratamiento apareció un nuevo desafío: recuperar de a poco la actividad laboral. Como no tenía un trabajo estable, una de las condiciones era comenzar realizando changas.
Para Mateo no parecía sencillo. Vivía junto a su mamá y su hermano menor y en su casa no contaban con herramientas como para encarar trabajos por cuenta propia. La respuesta terminó apareciendo muy cerca.
Su mamá es pastelera desde hace 18 años y, mientras él se encontraba internado, había logrado abrir a puro pulmón su primera pastelería. Fue ella quien le propuso comenzar a hacer cookies.
Al mismo tiempo, Mateo empezó a ayudar atendiendo el local. Su mamá le enseñó desde cero y, aunque al principio no tenía experiencia en la cocina, con el paso de los días comenzó a aprender, a perfeccionarse y a recibir buenas devoluciones de quienes probaban lo que hacía.
Lo que había empezado como una changa para avanzar dentro de su tratamiento terminó convirtiéndose en mucho más.
Cada jornada de trabajo pasó a ser también una parte de su recuperación. Con esfuerzo, constancia y entendiendo que el proceso se construye día a día, Mateo comenzó a recuperar una rutina, responsabilidades y la posibilidad de generar sus propios ingresos.
Hoy puede aportar económicamente en su casa y comprar alimentos con dinero ganado a través de su trabajo. Algo cotidiano para muchos, pero que para él representa uno de los mayores orgullos de este nuevo presente.
Un año atrás difícilmente hubiera imaginado encontrarse en esta situación. Pasó de atravesar uno de los momentos más complejos de su vida a levantarse cada día con un objetivo, acompañar a su familia y construir un camino propio.
Su recuperación continúa y sabe que todavía queda mucho por recorrer. Pero aquella propuesta sencilla de comenzar a hacer cookies terminó abriendo una puerta que no esperaba.
Entre bandejas, harina, trabajo y el acompañamiento de su familia, Mateo Begovic comenzó a escribir una nueva etapa de su vida. Una que, por ahora, se construye de la única manera posible: un día a la vez.