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“Los taxistas deberían dejar de llorar”

El reconocido abogado Lucas Bianco.
El reconocido abogado Lucas Bianco.

Por Lucas Bianco, especial para Diario Gran La Plata.

La Plata volvió a ser escenario de un conflicto que, en realidad, hace tiempo dejó de ser nuevo. Taxistas en las calles, cortes, protestas y un reclamo dirigido al Municipio por el crecimiento de Uber, DiDi y otras aplicaciones de transporte.

Entiendo el reclamo. No parece razonable exigirle al taxista habilitación, controles, seguros específicos, antigüedad determinada del vehículo y una tarifa regulada, mientras otro puede prestar un servicio similar sometido a reglas diferentes.

Pero la respuesta no puede ser intentar detener el tiempo.

Los taxistas deberían dejar de llorar y comenzar a realizar propuestas superadoras.

Uber funciona porque resolvió necesidades concretas. Permite conocer anticipadamente cuánto costará aproximadamente un viaje, pedir un auto desde el teléfono, identificar al conductor, compartir el recorrido, calificar el servicio y pagar de distintas maneras. Además, abrió una fuente de ingresos para miles de personas que encontraron en las aplicaciones una posibilidad de trabajar.

Pretender que desaparezca porque perjudica a un modelo anterior no parece una solución realista.

Pero tampoco lo sería ir al extremo contrario y dejar que las aplicaciones funcionen sin ninguna regla mientras al taxi se le exige cumplir con una regulación mucho más pesada.

Entonces, ¿por qué no discutir algo diferente?

La Plata podría avanzar hacia un régimen único y moderno de transporte individual de pasajeros, donde taxis y vehículos de aplicaciones puedan competir, pero bajo determinadas condiciones comunes: seguro adecuado para el transporte de pasajeros, revisión técnica, identificación del conductor, antecedentes, condiciones mínimas del vehículo y obligaciones tributarias razonables.

Y al mismo tiempo habría que liberar al taxi de buena parte de las regulaciones que hoy lo colocan en desventaja. Incluso permitirle utilizar aplicaciones, conocer el precio previamente, ofrecer promociones y competir en igualdad de condiciones.

La licencia de taxi tampoco debería convertirse en un privilegio destinado a garantizar que nadie más pueda ingresar al mercado. Su finalidad debe ser ordenar y controlar una actividad, no asegurar un monopolio.

El Estado tiene que garantizar seguridad y reglas básicas. Después, que compitan.

Si el usuario prefiere levantar la mano en una esquina y tomar un taxi, que pueda hacerlo. Si prefiere pedir un auto desde una aplicación, también.

El desafío no debería ser decidir quién logra prohibir al otro, sino construir un sistema en el que ambos puedan trabajar.

Porque las aplicaciones no van a desaparecer. Y quizás el futuro del taxi no dependa de combatirlas, sino de animarse a competir con ellas.

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