Últimas noticias
Categorías

Exclusivo de Diario Gran La Plata

La Plata 2031: el problema que la política platense todavía no quiere mirar

Emiliano Ayerdi, analista político.
Emiliano Ayerdi, analista político.

Por Emiliano Ayerdi, analista politico, especial para Diario Gran La Plata.

Hay un debate sobre el futuro político de La Plata que, a mi entender, todavía permanece demasiado oculto detrás de la discusión electoral inmediata: ¿quiénes serán los dirigentes capaces de conducir la ciudad después de 2027?

La política platense parece concentrada, como es lógico, en preservar estructuras, construir candidaturas y resolver las próximas elecciones. Sin embargo, detrás de esa disputa hay una pregunta mucho más profunda y, posiblemente, más determinante: ¿qué partido está formando hoy al dirigente que mañana podrá garantizar una continuidad política en la capital bonaerense?

Mi hipótesis es que existe un problema de conducción que atraviesa a prácticamente todo el sistema político platense.

Hoy pueden encontrarse referentes capaces de sostener estructuras electorales. Lo que resulta mucho más difícil es encontrar sucesores con identidad propia, capacidad de construcción territorial y, sobre todo, la posibilidad de generar una representación que trascienda a los dirigentes actuales.

Por eso, aunque el calendario electoral marque 2027 como el próximo gran objetivo, mi mirada está puesta más allá: en La Plata de 2031.

2027 puede tener nombres. El verdadero problema aparece después

Parto de una premisa personal para este análisis: considero que Julio Alak tiene hoy una posición política que le permite proyectarse con enorme fortaleza hacia 2027. Pero incluso dando por válida esa perspectiva, la pregunta verdaderamente interesante no termina allí.

La pregunta es qué ocurrirá cuando llegue 2031.

Porque una cosa es construir una elección alrededor de un dirigente con experiencia, estructura y reconocimiento, y otra muy diferente es construir una generación política capaz de sucederlo.

En el peronismo platense, el desafío parece especialmente evidente. Alak representa una generación de dirigentes con una trayectoria política extensa y una identidad propia dentro de la ciudad. Pero justamente por eso aparece el interrogante: ¿quién queda preparado para ocupar ese espacio cuando Alak ya no sea el conductor?

No se trata solamente de encontrar un candidato. Se trata de construir conducción.

Y esa diferencia puede terminar siendo decisiva.

La Libertad Avanza y la dificultad de construir una identidad propia

En La Libertad Avanza aparece otro fenómeno que merece atención.

El espacio libertario logró convertirse en un actor central de la política argentina y bonaerense, pero en La Plata todavía enfrenta el desafío de construir una figura local que pueda combinar el respaldo del espacio nacional con una identidad política propia dentro de la ciudad.

La cuestión no pasa únicamente por encontrar un candidato competitivo. El verdadero desafío es encontrar un dirigente capaz de cautivar al electorado platense por sí mismo, y no solamente por la identificación con Javier Milei.

Además, la selección de candidaturas dentro del espacio libertario ha generado, en distintos lugares, la incorporación de dirigentes provenientes de otras tradiciones políticas. En La Plata, ese fenómeno también forma parte de la discusión sobre qué identidad terminará teniendo el espacio a nivel local.

Y aquí aparece una pregunta que excede 2027:

¿La Libertad Avanza podrá construir una conducción platense propia o dependerá durante los próximos años de las decisiones que se tomen fuera de la ciudad?

La respuesta a esa pregunta será importante para entender qué lugar ocupará el espacio en 2031.

El PRO, entre la reconstrucción y la dependencia

El PRO atraviesa, a su vez, una situación particularmente compleja.

Julio Garro ya tomó distancia de la estructura partidaria tradicional con la conformación de su monobloque junto a Darío Ganduglia, dejando planteado un escenario en el que el PRO debe volver a preguntarse cuál será su lugar en la política platense.

El problema no es solamente electoral.

Es de identidad.

Si el PRO termina subordinando su estrategia local a la candidatura que defina La Libertad Avanza, corre el riesgo de convertirse en un actor que acompaña decisiones ajenas en lugar de producir una alternativa propia.

La eventual discusión alrededor de nombres como Osaba forma parte, precisamente, de ese debate sobre el futuro del espacio.

El interrogante que debería hacerse el PRO es mucho más profundo que quién encabezará una lista en 2027:

¿quiere volver a construir una figura política propia en La Plata o está dispuesto a aceptar que su futuro dependa de la candidatura que defina otro espacio?

Porque si el objetivo es seguir siendo una opción de poder en la ciudad, la reconstrucción no puede comenzar después de una derrota. Tiene que comenzar antes.

Y, sobre todo, tiene que mirar más allá de 2027.

La crisis que nadie parece estar mirando

Hay algo que me preocupa especialmente de este escenario.

La Plata fue históricamente una ciudad capaz de producir dirigentes políticos. Fue una cantera de cuadros, concejales, legisladores, intendentes y dirigentes con proyección provincial y nacional.

Hoy, en cambio, parece existir una dificultad cada vez mayor para identificar quiénes serán los próximos conductores.

Tenemos dirigentes.

Tenemos estructuras.

Tenemos partidos.

Tenemos disputas electorales.

Pero todavía no está claro que tengamos una nueva generación de conductores políticos platenses.

Y esa diferencia puede ser enorme.

Porque una estructura puede ganar una elección. Un dirigente puede administrar un gobierno. Pero para sostener un proyecto político durante décadas hace falta algo mucho más difícil: formar sucesores.

El verdadero desafío es representar

La discusión sobre el futuro de La Plata tampoco puede separarse de un fenómeno más amplio: la transformación del vínculo entre la sociedad y la política.

Cuando la participación electoral disminuye o cuando una parte de la sociedad deja de sentirse representada por las estructuras tradicionales, el problema deja de ser exclusivamente partidario.

Se convierte en un problema de representación.

Por eso, si en 2031 los principales espacios políticos de La Plata llegan nuevamente con dirigentes que no logran despertar identificación, entusiasmo o confianza en una parte significativa de los platenses, estaremos frente a algo mucho más serio que una disputa electoral.

Estaremos frente a una crisis de representación política.

Y quizás ese sea el punto que hoy nadie está mirando.

La política platense parece estar discutiendo quién puede ganar la próxima elección.

Yo creo que debería estar preguntándose algo diferente:

¿quién está formando al dirigente que pueda representar a La Plata cuando llegue el momento de la próxima generación?

Porque 2027 puede resolver una elección.

Pero 2031 va a poner a prueba si la política platense fue capaz de construir futuro.

Y si los partidos no empiezan ahora a formar nuevas conducciones, quizás dentro de cinco años descubramos que el problema nunca fue encontrar un candidato.

El problema era que nunca habíamos formado al sucesor.

 

Compartir