La fortaleza electoral de Julio Alak puede esconder una discusión que el oficialismo platense todavía no parece haber resuelto: la construcción de un sucesor
El peronismo platense atraviesa un momento de fortaleza política. Después de recuperar en 2023 la intendencia de La Plata, de la mano de Julio César Alak, el oficialismo municipal volvió a ocupar el centro de la escena política de la capital bonaerense.
En los próximos años, buena parte de la discusión estará concentrada en la posibilidad de que Alak continúe al frente del Municipio. Sin embargo, existe otra discusión, quizás menos inmediata pero políticamente más trascendente: ¿qué sucederá con el peronismo platense cuando Alak deje de ser candidato?
Ese interrogante parece quedar relegado cada vez que la política local vuelve a concentrarse exclusivamente en la figura del intendente.
Y allí aparece el verdadero desafío.
Una excepción dentro de la política platense
La historia electoral de La Plata permite dimensionar el peso político de Julio Alak. En 1991, con apenas 33 años, consiguió arrebatarle al radicalismo la intendencia de la capital bonaerense.
Hasta entonces, la Unión Cívica Radical había dominado la elección municipal durante el período democrático iniciado en 1983. Alak fue reelecto en 1995, 1999 y 2003, permaneciendo en el cargo hasta 2007. Aquella primera etapa significó 16 años consecutivos de gobierno municipal.
En 2007, Pablo Bruera puso fin a ese ciclo. Más tarde, entre 2015 y 2023, la Municipalidad estuvo en manos de Julio Garro, hasta que Alak volvió a imponerse en las elecciones de 2023 y recuperó para el peronismo la intendencia después de 16 años.
Por eso, si se consideran sus dos etapas, Alak acumula 20 años al frente de la Municipalidad de La Plata: 16 años entre 1991 y 2007 y otros cuatro desde su regreso en 2023.
El dato no es menor. Estamos frente a una figura que atravesó distintas etapas del peronismo bonaerense y nacional y que consiguió mantenerse como referencia de la política platense durante más de tres décadas.
El problema para el oficialismo es que esa fortaleza personal también puede transformarse en una dificultad para construir una sucesión.
La incógnita del día después
La política local suele tener una lógica diferente a la provincial o nacional: el conocimiento territorial, la estructura partidaria y la relación directa con los vecinos pueden pesar tanto como la pertenencia partidaria.
Por eso, el interrogante no es solamente quién podría ocupar el despacho del intendente, sino quién tendría la capacidad de construir una identidad electoral propia.
El oficialismo cuenta actualmente con dirigentes con responsabilidades institucionales y políticas. Marcelo Galland preside el Concejo Deliberante y Juan Manuel Granillo Fernández ocupa la vicepresidencia primera del cuerpo, ambos dentro de Fuerza Patria.
Pablo Elías, por su parte, ocupa un lugar particular dentro de esa estructura. Como primer concejal de la lista oficialista que acompañó a Alak en 2023, ha quedado a cargo de la intendencia durante distintas licencias del jefe comunal. Incluso en septiembre de 2026 volvió a asumir interinamente mientras Alak se encontraba de viaje en China.
Pero ocupar una posición institucional no necesariamente significa haber construido una candidatura competitiva para una elección ejecutiva.
Ese es precisamente el punto que merece ser discutido.
Los nombres existen; la sucesión todavía no
Marcelo Galland tiene hoy una posición institucional de relevancia como presidente del Concejo Deliberante. Juan Manuel Granillo Fernández también ocupa un lugar destacado dentro de la estructura legislativa oficialista.
Pablo Elías, mientras tanto, adquirió una visibilidad adicional a partir de sus funciones como intendente interino y de su actividad política dentro del peronismo local. En 2025, además, se conoció su alejamiento de La Cámpora y la conformación de un espacio propio, aunque manteniendo su respaldo a Alak y al gobernador Axel Kicillof.
También aparecen otras figuras conocidas del peronismo platense, como la detestable Victoria Tolosa Paz y carismático y militante a full, Luis Arias, que forman parte del universo político con posibilidades de intervenir en futuras discusiones internas.
Sin embargo, una cosa es formar parte del sistema político platense y otra muy diferente es convertirse en el dirigente capaz de representar electoralmente al oficialismo después de Alak. Hasta ahora, esa figura no aparece con la misma nitidez que el actual intendente.
Y esa ausencia puede ser uno de los principales problemas políticos que el peronismo local deberá resolver. Una ciudad donde ninguna identidad partidaria parece tener el triunfo asegurado
La Plata tampoco es un distrito sencillo para ningún espacio político.
El radicalismo tuvo históricamente una fuerte presencia en la ciudad y gobernó durante los primeros años posteriores a la recuperación democrática. La llegada de Alak en 1991 quebró aquel predominio y abrió un largo ciclo de gobiernos peronistas. Luego, el propio peronismo perdió la Municipalidad en 2007 y volvió a hacerlo en 2015 frente a Julio Garro.
La sucesión de gobiernos de diferentes signos muestra que el voto platense no puede ser entendido exclusivamente como un voto cautivo de una fuerza política.
De hecho, la elección de 2023 volvió a mostrar una competencia muy ajustada. Alak terminó recuperando la intendencia frente a Garro en una elección de margen estrecho, en la que incluso hubo controversias posteriores alrededor del escrutinio y el recuento de determinadas urnas.
Ese antecedente permite comprender por qué la construcción de un sucesor resulta tan importante.
Alak puede tener una trayectoria política propia, un nivel de conocimiento acumulado durante décadas y una estructura territorial consolidada. Pero ninguna de esas características se transfiere automáticamente a otro dirigente.
El límite institucional también forma parte de la discusión
Hay, además, una cuestión normativa que condiciona el futuro. La legislación bonaerense establece que los intendentes pueden ser reelegidos por un nuevo período consecutivo y que, una vez cumplidos dos períodos consecutivos, deben dejar pasar un período antes de volver a competir por el mismo cargo.
Por lo tanto, si Alak fuera nuevamente candidato y consiguiera renovar su mandato, la discusión sobre la sucesión adquiriría todavía mayor importancia hacia el final de ese ciclo.
Esto significa que el peronismo platense tiene tiempo para construir una alternativa, pero no puede asumir que la figura de Alak será eternamente transferible.
El verdadero interrogante
El debate, entonces, no debería reducirse a si el peronismo puede ganar nuevamente una elección municipal mientras Julio Alak sea su candidato.
La pregunta más profunda es otra:
¿Puede el peronismo platense construir una figura electoralmente competitiva que sobreviva políticamente a Julio Alak?
La respuesta dependerá de algo mucho más complejo que una candidatura.
Será necesario construir liderazgo, identidad, conocimiento territorial, capacidad de gestión y, sobre todo, una relación propia con el electorado platense.
Porque Alak no llegó a gobernar durante tantos años simplemente por ocupar un lugar dentro de la estructura del Partido Justicialista. Su nombre se convirtió, con el paso del tiempo, en una marca política propia dentro de la ciudad.
Ese proceso es difícil de repetir.
La paradoja del oficialismo
Aquí aparece la paradoja que debería preocupar al oficialismo.
La fortaleza de Alak es, al mismo tiempo, una fortaleza electoral inmediata y un desafío para el futuro.
Mientras el intendente concentre buena parte del poder político y electoral del espacio, resulta lógico que los dirigentes que lo rodean tengan menos incentivos —o menos posibilidades— de construir una identidad independiente.
Pero cuanto más tiempo tarde en aparecer una figura de recambio, más difícil puede resultar la transición cuando finalmente llegue.
La historia política de La Plata demuestra que los ciclos pueden cambiar rápidamente. El peronismo gobernó durante 16 años con Alak, perdió en 2007, volvió a recuperar la ciudad en 2023 y durante ese intervalo atravesó diferentes liderazgos.
Por eso, pensar que la estructura política de Alak necesariamente se trasladará intacta a su sucesor sería confundir liderazgo personal con identidad partidaria.
Después de Alak empieza la verdadera prueba
Julio César Alak es, sin dudas, una de las figuras más importantes de la historia política reciente de La Plata. Fue intendente durante cuatro mandatos consecutivos, regresó 16 años después y volvió a colocar al peronismo al frente de la capital bonaerense.
Pero justamente por esa dimensión histórica, el desafío de su espacio no es solamente ganar otra elección. Es construir el día después.
La política platense tendrá que responder, tarde o temprano, quién puede ocupar ese lugar sin ser simplemente "el candidato de Alak" si el Turco concreta sus sueños de ser gobernador bonaerense, sino convertirse en una figura capaz de construir su propio vínculo con los vecinos.
Si esa sucesión no se construye, el peronismo podría encontrarse frente a una paradoja: tener una de las estructuras políticas más sólidas de la ciudad y, al mismo tiempo, depender excesivamente de un único liderazgo.
Alak demostró que podía ganar La Plata, perderla y volver a recuperarla. El desafío que queda planteado ahora es diferente: demostrar que el peronismo platense puede ganar sin Julio Alak en la boleta platense y como virtual candidato a gobernador.
